lunes, 28 de marzo de 2011

CAPITULO VI


La banda, es decir, nuestra banda, “Stilo”, se reunió a las cuatro de tarde. Leo y Maxi nos hacen reír hasta que nos duela la panza, son increíbles. En cambio, Nahuel es tan tranquilo que da gusto recibir su abrazo de vez en cuando. No tiene, todavía, mucha confianza con nosotras, pero al menos dos veces por ensayo nos da un abrazo bien dulce a cada una. Así de raro es. Es obvio, tiene lo que quiere cuando lo desea, sus padres siempre están rodeados de personal de limpieza, chefs y ama de llaves y a pesar de llevar esa buena vida es muy buena persona, o por lo menos eso sé hasta ahora. No es que diga que quienes la llevan no sean buenas personas, pero él se destaca. Tiene muchísimos amigos en facebook, y aunque se puede decir que muchos de ellos son interesados, tiene un grupo de amigos fijos y a nosotros. Tiene todo.
A las seis terminamos de tocar “Pensar” de No Te Va a Gustar.
-         Bueno al parecer esto va queriendo, pero ya me tengo que ir. Mi vieja está muy histérica hoy. – Dijo Leo mientras tomaba su mochila y apagaba el equipo.
Uno a uno tomaron sus pertenencias, excepto el dueño de la casa que se quedó charlando con Abi. Al perecer la invitó a salir un día de estos y ella le respondió que lo pensaría.
-         ¿Vamos a la plaza que queda a dos cuadras de acá? – Me dijo Maxi guardando su guitarra. Esa guitarra que me fascina, adoro cada línea, su color blanco y negro. – ¿O prefieres ir a mi casa? – Me miró serio, la propuesta era cierta.
Nunca fui a parar a la casa de un chico, así que el me colmé de timidez y mi corazón me azotaba. Yo solo lo miraba con cara de asfixia.
-         ¿Te volviste muda?
Negué.
-         Dame dos minutos, ya vuelvo, ¡no te vayas!
Caminé un poco incómoda a donde estaba Abi, pues sabía que Maxi me observaba desde atrás. Hombres. Tomé a Abi del brazo y la llevé a la cocina. Nahuel se fue al living con Maxi.
-         Mejor que te lleve a su casa. – Me dijo.
-         ¿Estás loca? Nunca me metí a la casa de un chico, que además aún no conozco bien. – Respondí preocupada.
-         Si vas a su casa podés ver todas sus composiciones, podés conocerlo más, seguro va a estar su madre y no te invitó para coquetearte.
No supe como mirarla, con desconfianza o con vergüenza de creer algo que no es.
-         Lo conozco hace tres años, más o menos, no te preocupes. – Respiró hondo. – Tus padres te dieron tiempo hasta las siete y media. Cuando te vayas de su casa pasa por la mía y yo te acompaño ¿si? – Abi siempre sabe que hacer.
-         Está bien.

Resulta que Maxi había acudido en bici al ensayo, fue entonces que dejé que me llevara en el manubrio ya que su casa quedaba a unas quince cuadras. Me maldecía por no haberme informado antes pues no tengo idea de cuanto me costará llegar a la casa de Abi.
Iba rígida de inseguridad en aquel “asiento” como si fuera la reina de Inglaterra. Durante el camino él intentó ser amable conmigo con las típicas preguntas de ¿cómo va todo en tu vida?
El viento contra mi cara era delicioso. Cada tanto, cuando se inclinaba para aumentar la velocidad, podía sentir su respiración en mi cuello, erizándome la piel.
-         ¿Estás solo en tu casa? – Pregunté.
-         Seguramente está mi vieja, sino nadie más pero no te preocupes. – Hizo una pausa. – O si, preocúpate, le encanta recibir visitas y si no te conoce te bombardea con preguntas, igual a todas las chicas les cae bien…
¿A todas las chicas? Hum…
-         Llegamos. – Me dijo y cuando miré la casa lo primero que admiré fue su hermoso jardín. Toda clase de flores y arbustos como si estuviesen perfectamente organizados.
Entramos por el garaje para dejar la bici.
-         Lindo jardín. – Dije, con una sonrisa exagerada tal vez…
-         El pasatiempo de mi mamá.
Me dieron ganas de reírme por la expresión en su rostro y aunque intenté ocultarlo lo notó.
-         No te atrevas a decir que soy un nene de mamá, aún no me conoces. – Dijo apuntándome con el dedo índice y una pequeña sonrisita.
La risa se me hizo incontenible pero le pedí disculpas.
Tiene una casa rústica muy bonita. Mi mamá sería feliz en una casa así solo si tuviera servicio de limpieza. Su vieja estaba en la cocina.
-         Hola negrito ¿cómo te fue en...? Huy, perdón… ¿la chica es?
La mujer llevaba el pañuelo en la cabeza como me lo imaginé. Es flaquita y por sobre todo joven. Tendrá unos treinta y ocho más o menos. Tiene los ojos más hermosos que nunca había visto. Un celeste divino.
-         Ma ella es Soledad, una amiga y la cantante del grupo ¡y qué cantante! – Lo miré tímidamente mientras la saludaba, era como si me estuviese presentando a mi suegra. Qué tonta soy, no sé por que me lo tomé tan a pecho.
-         Decime Clarita nena ¿cuántos años tenés? – Me preguntó.
-         Quince. – Respondí
-         ¿Estás preparando jugo? – Preguntó Maxi mientras le agregaba yerba al mate.
-         Si ¿querés que preparemos tereré? – Maxi rió.
-         Dejáme tomar unos con Sole en el patio de atrás, después tomamos unos mates los dos.
Clarita se cruzó de brazos y dijo suavemente.
-         Está bien, me iré a regar adelante, a charlar con mis petunias, deben estar muriéndose de sed.
Aproveché el momento para alagar su jardín.
-         Tiene un hermoso jardín Clara.
Me dirigió una cálida sonrisa y me acarició la mejilla, luego se marchó y puso música en el equipo del living.
-         Ya se, es un poco rara. – Me dijo bajito.
-         Pero tiene muy buen gusto, me encanta Andrés Calamaro.
Tomó la botella y me dio el mate con hielo.
-         A mi también, vení.
El patio de atrás no es muy grande pero tiene el césped perfecto y hay lindas enredaderas en los paredones.
-         Y bueno… - Dijo entregándome el tereré. – A ver esas pocas y feas composiciones.
Sonreí y busqué mi carpeta en mi mochila, la apoyé sobre la mesa pero le puse las manos encima. No se las iba a mostrar así como así.
-         ¿Qué pasa? – Me preguntó sospechando.
-         Te propongo un trato: te las mostraré solo si me dejas leer las tuyas.
Se echó en la silla, se rascó la cabeza y me preguntó:
-         ¿Quién te dijo? – Revoleé la vista. – Obvio, Abi, quién más…  - Suspiró. – Ya vuelvo.
-         No vas a llamarla ¿o si? – Negó y entró en la casa, serio.
Volvió con un cuaderno lleno de firmas con corrector. Se sentó y me miró fijo. Esa mirada me perforaba y me hacía sentir tan nerviosa. Apoyó el cuaderno en la mesita y suspiró con resignación.
-         La única que las leyó y por única vez fue Mave, y la torturé para que no dijera nada, pero igual se lo contó a Abi, trata de no decir nada ¿si?
Asentí, no pensé que fuese tan fácil convencerlo. Deslizamos nuestras preciadas escrituras sobre la mesa hasta las manos del otro. Nerviosos y atentos comenzamos a leer.
No podía despegar la vista del papel. La manera que tiene de escribir canciones es muy similar a la mía. Cada una de esas bellas frases tenían un significado profundo, a su manera, y tocaban sin permiso mi corazón. Algunas eran un poco vulgares pero conformaban el rock perfectamente.
Cuando cerré el cuaderno, una hoja de carpeta se escabulló y fue a parar a mis pies. Maxi me miró de reojo y con desconfianza, aunque trató de disimularlo. Supuse que ese papel era confidencial, algo muy privado en lo cual yo no debía entrometerme. Lo guardé inmediatamente y el cerró mi carpeta.
-         Me gustan. – dijo mirándome fijo.
-         Y a mi las tuyas. – Esbozó una pequeña sonrisa.
Cuando me mira fijo sus ojos parecen estar llenos de sinceridad. Miré el tereré y me serví un poco de jugo, lo hice lentamente, tal vez esa mirada me intimidaba.
Muchas de sus canciones parecían tratar de entender situaciones complejas, llenas de dolor tanto físico como sentimental. Diez o más canciones de pura historia, quisiera saber en qué piensa a la hora de escribir.
-         ¿Te sentís sola?
Quedé boquiabierta, nunca me habían hecho esa pregunta. Dudé mucho sobre qué responder, pero esos ojos me hicieron optar por lo mismo que hay en ellos. Sinceridad.
-         Es difícil encontrar alguien en quién confiar plenamente ¿no crees? – Asintió como si fuese mi cómplice. – Abi me dio una idea. – Me dedicó una sonrisa leve. – Podríamos componer juntos para la banda.
Comenzó a reír.
-         Las canciónes de Mave son horrendas, ya lo sé, algún día se lo voy a decir, se lo merece. Estoy de acuerdo pero nos reuniremos a solas, en un lugar tranquilo, sino no se puede. Y lo más importante, yo no compongo para la banda, vos lo haces… ¿entendés?
Su cambio de humor tan repentino y su plan ya desarrollado me marearon un poco.
-         Entonces…
Él aún sonreía.
-         Esto queda entre nosotros ¿ok? – Me guió el ojo como si fuese todo un ganador.
-         Si, claro, ok. – Dije levantando el pulgar.
Miré la hora, en diez minutos debía irme.
-         Antes de irme ¿me enseñarías tu bolsa de boxeo? – Dije fingiendo ser una dulzura. No podía irme sin visitar su templo de creación.
Lo seguí a la cocina para dejar el jugo y el mate. Luego de pasar por el living subimos por una escalera de madera alfombrada al segundo piso, en el cual, había un pasillo lleno de puertas. Creo que estoy exagerando pero había dos puertas a ambos lados y un ventanal en el fondo. La segunda puerta a la derecha era su cuarto, muy varonil y espacioso. Sus muebles son de color oscuro, no podría decirles que tipo de madera son, eso no es lo mío, solo es madera. En su pared, prolijamente pegado, un poster de Boca. “¡Qué bien!” Pensé. A mi también me gusta ese equipo, a mi papá y mi hermano también. Si se conocieran no dudaría en que disfruten un partido por tv juntos. Gritando ¡Noooo! Cada vez que erran un gol, saltando, tomando cerveza o fernet con coca.
-         Lamento el desorden. – Me dijo.
-         No te preocupes, he visto peores. – Mentí, lo sé.
La verdad es que es la habitación más desordenada que vi. Tal vez esté exagerando otra vez, pero teniendo una linda biblioteca ¿por qué tener una pila de libros sobre el escritorio? ¿Y la ropa tirada sobre la cama? ¿Las puertas del armario abiertas de par en par mostrando su contenido desparramado? No soy una loca de la limpieza, ni una fanática del orden, pero hago lo mío.
-         ¿Y cómo le haces a esto? – Dije golpeando la bolsa, poniendo mi cara más parecida a la Tigresa Acuña que tenía.
Me hizo una pequeña demostración de su entrenamiento habitual, y mientras lo escuchaba y de vez en cuando lo veía, observé las fotos que colgaban de un mural en la pared. En ellas estaban Leo, Abi y Mave, además de él, cuando eran pequeños y otras más actuales. Se acercó a mí. Supongo que me vio muy interesada.
-         Siempre nos divertimos mucho, es bueno volver a estar juntos.
La duda me carcomía.
-         Han estado separados ¿cierto?
Levantó una ceja.
-         Solo un año, pero nos parecieron muchos más. – Suspiró – Yo tuve que viajar a España, Leo estaba mudándose a cada rato y Mave y Abi se quedaron aquí.
Volví a repasar las fotos. Había una con su madre y junto a ella una foto de él y otra chica.
-         ¿Y ella quién es? – Pregunté.
-         Luján, mi prima, a ella la veo todos los fines de semana, eso antes era una pesadilla para mi, pero ahora que está embarazada ya no me molesta ni me cargosea, creo que ya maduró.
Le sonreí y miré la hora en mi celular, 19:20. Le pedí rápidamente indicaciones para llegar a la casa de Abi, pero como no supe ubicarme me acompañó a pie. Resulta que quedaba a dos cuadras. Eso me hizo sonrojar de vergüenza. Nunca recuerdo las direcciones, ni las calles, soy un desastre.
Antes de salir Clarita me había saludado con un beso y muy amablemente me pidió que regresara uno de estos días. Eso era un cumplido, yo iba a regresar.

3 comentarios:

  1. Hay es una historia? TU historia?
    Que lindo! Voy a leer :)

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  2. El pasado te persigue (??) ajajaj.
    Muy buen capítulo.
    Ah, y gracias por pasarte por mi blog! Totalmente cierto el comentario T-T
    seguí escribiendoooo!! Beso
    bye_

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  3. UHHH Por fin, linda. Hacia rato que esperaba leer algo nuevo... jaja Me gusto y Tkm!!!

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