domingo, 12 de junio de 2011

CAPITULO IX


Parte 1

La hora y media se nos hizo corta, con tantas opiniones puestas sobre la mesa ratona nos vi discutiendo como dos niños, y al saber lo que hacíamos dejamos que el juego siguiera para ahogarnos de risa.
Hicimos un tema de amor y otro bastante raro, el cual tenía más ideas de Maxi que mías. Al parecer hacemos un buen equipo, a mi se me ocurren frases y él sabe como adaptarlas al ritmo, aunque nos costó un poco ponernos de acuerdo sobre que punto de vista se hacía la composición.
Hablamos de muchas otras cosas. Fue algo así como un ping pong de preguntas y respuestas: Profesión, lugar en el que vivirías, un animal, un color, un sueño…
Al fin de todo esto, se levantó de la alfombra beige y subió las escaleras a la habitación en busca de un cambio de ropa. Yo estaba impaciente, con el corazón acelerado, no podía esperar a salir con él, y el resto, claro… Cercioré mi pelo en el espejo del recibidor y di un respingo al verlo llegar.
-         ¿Vamos? – Pregunte mientras era él quien se miraba al espejo ahora.
-         Espera. – Dijo olfateando.
Me miró fijo con ojos entrecerrados. Yo solo lo miré asustada, no tenía idea de que ocurría. Con su mano izquierda tomó mi mentón y una sensación de pánico y de ternura me colmó. Enfrentó mi rostro al de él y poco a poco se fue acercando. Cada vez más. Quise fijarme en sus labios pero su mirada me atrapó. Inclinó la cabeza hacia mi cuello e inhaló profundamente. Sus labios rozaron mi piel y esta se erizó, por así decirlo.
-         Lindo perfume. – Dijo a mi oído.
Se separó de mí y me tomó de los hombros.
-         Ahora si, vamos.
Sin dudas me creé falsas expectativas.
Solo se cambió la camisa por una remera negra con estampado blanco, se puso más de su perfume Stone Black, que me encanta, se peinó un poco y creo que se puso crema en el rostro, pues sus mejillas lucían nutridas. Aún así estaba bárbaro. Sus piercings relucían al sol mientras caminábamos hacia “El Clú”, un restaurante al que no pensamos entrar a las cinco y media de la tarde. Allí nos encontraríamos con los demás.
Cuando pasábamos frente a un local de motos se nos acercó un chico de cabello largo recogido en una coleta, llevaba puesta una camiseta de River y los jeans arremangados que dejaban a la vista sus musculosas piernas.
-         Nacho. – Dijo Maxi con porte extremadamente serio.
-         Maxi. – Dijo el otro sonriente. – No nos vemos hace tiempo, pero de todas maneras me llegan noticias frescas de ti, y de tu nueva banda por cierto. – Luego desvió su mirada hacia mí.
-         Pues, qué bueno que sepas de mi y de que formé una nueva banda con amigos ¡Solo mira que bonita es nuestra cantante! ¿Y vos tenés a Fanny de coro? La verdad creo que se quedaron cortos. – Dijo buscando su mirada con una sonrisa desafiante.
¿¡Quién mierda es Nacho!?
-         Claro, a vos Fanny ya no te… - Intentó decir intimidante, pero Maxi lo interrumpió.
-         A mi también me llegaron noticias ¿sabes? Pero ya no quiero saber nada de un tipo como vos. – Estaba indignado.
-         ¿Cómo yo? No sabés las cosas que soy capaz de hacer cuando estoy desesperado, Maxi ¿Pero que hay con vos? No me vengas a decir que sos un santo…- Instigó exasperado.
-         A quién le importa. – Respondió cortante.
El silencio solo cubrió dos segundos de la discusión, en la cual ni se me ocurría entrometerme, hasta que…
-         ¿No vas a presentármela? ¿Tenés miedo de que te la quite? Porque yo creo que a ella le gustaría saber si sos un santito. – Echaba el índice al suelo en cada espacio.
Lo cierto es que no me interesa.
-         No a todo. – Y profirió un insulto a modo de despidida.
Me tomó del hombro y me llevó con paso ligero por la vereda.
-         ¡De todos modos ya la conozco! Y ella no es como las demás Maxi ¡Vas a terminar jodido! – Esto hizo que Maxi se tensionara bastante. Creo       que si pudiera daría media vuelta y se le arrojaría como una fiera.
-         ¿Qué dice ese tarado?- dije al fin. - ¿Cómo se llama Nacho, Maxi?
-         Se llama Nicolás ¿lo conoces?
Muy bien. Aquí va la descripción de mi cara: ojos desorbitados y boquiabierta, así quedé. Si, lo conozco. No puedo creer cuanto cambió solo con dejarse crecer el cabello y hacer mucho ejercicio. Hace un año atrás él era mi “novio”. Solo duramos un mes, ya que a él le gustaba mucho hacer de las suyas.
-         Era un buen amigo, pero nos peleamos y ahora es solo un conocido. No lo reconocí, realmente cambió mucho. – Él revoleó los ojos.
-         Con el “mucho” es “poco”.
-         ¿De dónde lo conoces? – Pregunté curiosa.
-         Era un muy buen amigo y luego de años de amistad me jodió una novia… y de la peor manera… Me enfurecí y tuvimos una pelea a puño cerrado… No por la chica, sino por mi orgullo herido. Con ella pase dos o tres meses pero nunca me importó demasiado. Ahora él le sigue olfateando el trasero y ella no le da ni la hora…
Tenía las mejillas enrojecidas y los puños apretados, no parecía muy seguro de contarme la historia, ni yo quería contarle la mía.
-         Triste. –Dije yo. - ¿Cuándo estrena la novela?- Rió dulcemente y de apoco fue recuperando la calma.
-         No tenés idea de lo que es mi vida… Pero ahora que lo decís, podría hacer una novela empezando por el día en que te conocí ¿qué te parece?
-         Me parece perfecto. – Esta vez era yo quien estaba sonrojada y no porque estuviese enojada.
-         ¡Nada más mira! Nosotros somos los personajes principales, es decir, tu la bella cantante y yo el guitarrista más apuesto del barrio ¡Qué del barrio! ¡De la ciudad! – Dijo con tono de grandeza.
-         Si, si, claro. – No podía parar de reírme.
-         Tendrían que poner mi rostro en el cartel de bienvenida, el mío, porque si ponen el tuyo se van a quedar todos parados babeando ¡Es más, se lo robarían! ¡Las novias asesinarían a sus novios a sangre fría! ¿Te imaginas? – El continuaba con su mirada soñadora y su sonrisa radiante, y yo traté de calmarme sin éxito.
-         ¡Si! Y después de unos meses me dibujarían bigotes.
-         Hasta los bigotes te quedarían lindos. – Me miró de reojo.
-         Que pavo. – Dije colorada.
Ya se divisaba la pequeña Abi, que estaba en la cuadra próxima abrazada a Nahuel. Entonces, suavemente, me tomó de la cintura. Me hizo recordar a la primera vez que Martín y yo nos demostramos afecto. Seguro lo notó. Subió su mano hasta mi hombro y me apretó amistosamente, entonces sin pensarlo le dediqué una sonrisa y él me besó la frente, sobre mi flequillo. Fue el beso más dulce que jamás me dieron e hizo que todos los nervios se esfumaran.
Me soltó para saludar a Leo y Mave, mientras decía:
-         ¿Qué hacemos Abi? – Con tono picaron.
 Nahuel la soltó y levantó las manos mostrando sus palmas.
-         Maxi. – dijo mientras le daba un apretón de manos a mi acompañante.
Yo aún saludaba.
-         Ehhh… ¿Vamos? Se nos va a hacer tarde. – Dijo Maxi y todos asentimos.
-         Se le va a hacer tarde. – Dijo Abi.
Eso me cayó pesado.

1 comentario:

  1. ajaja como me rei con Maxi, es tan tiernamente genial! jajaja

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