viernes, 26 de agosto de 2011

CAPITULO XII


¡Por fin llegó el sábado!
-         ¿Está todo? – Repetía Mave una y otra vez repasando los instrumentos.
-         Si. – Asentíamos todos mientras los cargábamos a la camioneta del Chaucha, el papá de Leo.
El tipo es policía y su bigote es muy gracioso, pero es alto de ojos verdes, y en lo que a mi respecta, a una cuarentona le debe parecer divino. Hace chistes viejos cada tanto, pues entonces veo a quien sale Leo. Chaucha dice que el mal humor lo sacó de su madre. Típico, las mujeres siempre somos las malhumoradas, ja, si claro. De igual manera nunca vi a Leo enojado.
Se me pone la piel de gallina con solo pensar en lo que dirán nuestros oyentes.
-         Roxy está reluciente. – Dijo Maxi depositándola junto al bajo con sumo cuidado.
-         ¿Qué hora es? – Pregunta Abi.
-         Hora de preparar nuestro primer escenario. – Respondió Leo ansioso.
Belu y Caren irán a vernos. Eso me relaja un poco. Mi hermano y mi cuñada traen un posible “club de fans”, donde no conozco a nadie, y mis padres están en casa con Lia, mi sobrina.
Maxi está muy emocionado, se nota en su rostro, su sonrisa constante.
-         ¿Nervios? – Me pregunto Nahu.
-         Si – Dije con una pequeña sacudida, como si así se fuera la preocupación.
-         ¿De qué? – Instigó.
-         De la gente, de que no gustemos.
-         No temas, cuando lleguemos vas a tener tiempo para analizar con que tema empezar. Ya sabes, el primero es el que rompe el hielo. – Me dijo sonriente tratando de inspirarme confianza.
-         Menos mal que aún no tocamos temas propios. – Resoplé.
-         Ya, deja la mala onda. – Me dio un empujón para que entre en el auto de Maxi.
Me situé en medio del asiento trasero, delante iban Leo y por supuesto Maxi. Nahuel llevaba sobre su falda a Abi, ya que no había suficiente espacio en el “Colorado”, un lindo Fiat 1.
-         Mi mami vendrá a verme. – Dijo Maxi aniñado.
-         ¡Hay que ternura! – Leo me acompañó a coro.
-         Vendrá a vernos. – Replicó Mave, reclamando sus derechos de prima.
-         ¿La tía no viene? – Preguntó.
-         No, tu tío tampoco. – Dijo disgustada.
-         Bueno, no importa, te presto a mi mami. – Dijo dulcemente mientras manejaba.
-         ¿Tus viejos vienen? – Le pregunté a Abi y ella afirmó con un…
-         Aja. – Que todos cazaron al vuelo.
-         Nahu, vienen tus suegros. – Dijo Leo y los tortolos echaron a reír.
-         Voy a tener que ser de lo más presentable. – Miró a Abi pero ella se limitó a mirarlo con cara burlona y brazos cruzados. – Yo te presentaré a tus futuros suegros, les caerás bien.
Todos echamos a reír. Conozco a Abi, se le está cayendo el campo de fuerza, y todo por salir a tomar helado de frutilla al mismo tiempo que este pillo.

Leo está ocupado con las instalaciones, Maxi afina bien la guitarra, Abi la criolla, Mave el teclado, Nahu se centra en el ritmo mental de la batería, y yo analizo el panorama. Todavía no hay mucha gente pero estos son todo oídos. No algo muy ruidoso, pero potente, así debe ser el tema.
Encontré a Belu y a Caren y a… Marcos. Ellas están muy lindas.
-         ¿Y esto? – Le pregunté a Caren.
-         Una larga historia. – Me respondió. – Qué linda remera, me la podrías prestar algún día Solci, sabes que… - Belu la interrumpió.
-         ¡Suerte, les va a salir genial! – Me dijo mientras se llevaba a la pedigüeña.
-          ¡Hey! – Me llamó Maxi. - ¿Todo bien?
Asentí.
-         Si necesitas ayuda aquí estoy.
-         Gracias ¿vos estás bien?
-         Si, esto es pequeño pero emocionante.
Es cierto, el escenario es muy pequeño, tendremos suerte si no nos chocamos.
-         Te ayudaré por si sucede algo a la mitad de alguna canción, pero la ayuda debe ser mutua ¿Qué tienes para ofrecerme valor? – Me dijo con ojos sensatos clavados en mis labios.
Que no se hable más, su beso también lo necesito.

Acomodé el micrófono, ya todos me miran, el corazón palpita o salta dentro de mí. Una luz me da en la cara y miré a Leo con rabia, él se hace cargo de todo el cablerío. Miré hacia delante, ahora tengo miedo. La gente comenzó a hacer silencio y ya había menos mesas desocupadas. Mi hermano estiró la mano y proferí la sonrisa. Hora de hablar.
-         Buenas noches. Nosotros somos “Stilo”, tocamos especialmente rock y empezamos este año. Esta es nuestra primera presentación y bueno… a ver si les gusta. Esto es “Corazón en venta” de Andrés Calamaro.
Comenzó Maxi con ese punteo sencillo. Amo esta canción y no hay motivo para que me guste, pero ahora estoy unida a ella.

“Gran alfombra roja. Olvidar es divino y fuerte la fuerza del destino.”

Desafiné pero lo retomé.

“Mi corazón en venta. ¡Que nadie viene a comprarlo!”

Todo está a la perfección, menos yo. Supongo que mi voz está bien pero mi rostro debe de ser un caos.
Ya estaba terminando la canción pero Caren atrajo mi atención. Seguí cantando. Belu estaba sola y Caren estaba con Marcos en una esquina oscura, creo que solo se ve desde el escenario. Él le pasó una bolsita blanca y un encendedor. ¿Será? ¿Puede ser posible que Caren se drogue?

“Mi corazón está en venta…”

Terminó. Volví a la realidad y me olvidé que tema seguía.
-         “A veces vuelvo” Catupecu Machu. – Dijo Maxi y comenzaron a tocar.
Ya hice papelones, por Dios. Me miró y me dijo bajito.
-         Yo te ayudo.
-         No puedo, me quiero bajar. – Respondí.
-         No. – Me ordenó.
Había que empezar ¿pero cómo empezaba?

“Olvido todo ese frío reunido de una sola vez. De vez en cuando, cada tanto, los juegos prohibidos nos sacan ese frío…”

Juegos prohibidos quedó en mi mente, pero nada más podía impresionarme que la voz de Maxi. Tan afinado ¿Por qué canto yo? ¿Por qué no él? Me hizo seña de que siga. Esto me emociona, compartiré el tema con él.

“Escurro entre tus dedos tus canciones, tus mitos, ohhhh…”

Es mi turno.

“Y es que estamos desesperados por encontrarnos y vernos hoy.”

Volvió.

“Y vernos hoy.”

Me acompañó todo el estribillo y cada tanto volvía a aparecer en el transcurso de la melodía. Me animé a moverme, comencé a sonreír. Disfrutaba cantar junto a él. Era como descubrir un vale otro en el helado que más te gusta, pero mejor, su voz era increíble.

“Salgo mucho a veces vuelvo…”

Terminó.

miércoles, 3 de agosto de 2011

CAPITULO XI

-         ¡Dale Carito, apurate!
Caren había entrado al baño del colegio y ya habían pasado diez minutos desde que atravesó la puerta.
-         Nena ¿te podés apurar? Sino nos vamos. – Dijo Belu.
La puerta se abrió un poquito y yo me encargué de abrirla por completo. El baño del colegio es algo así como 2x2 y en una esquina estaba Caren más pálida que de costumbre.
-         ¿Qué te pasó? – Preguntamos a coro.
Nos contó que se sintió mal y comenzó a marearse, entonces se apoyó contra la pared hasta sentarse en el suelo y con el pie golpeó la puerta para que se abriese un poco. La tomamos en brazos y mojamos su rostro, pero la mejoría no llegaba pronto y ya estábamos llegando tarde a lengua. La llevamos a la preceptoría donde le dieron algo de comer para levantar el azúcar. De igual manera, no se retiró y terminó el horario escolar, estando aún un poco pálida.
Belén y yo nos miramos preocupadas. Caren ni siquiera inventó una fantástica historia de cómo se desmayo en el baño ni la repartió por todo el curso. Con eso ya podemos deducir que algo no anda bien. Ella no cedió a hablar del tema y evadió todas nuestras preguntas, así que decidimos hablar con ella, si o si, mañana, planeando una especie de acorralamiento. Claro, solo si asiste.
Creo que cansé a Belu con el tema de Maxi, todo era excusa para hablar de él. Que mañana nos veríamos, que me encanta como es, que es sensible, que me matan sus ojos, y bla, bla, bla… Pobre Belu.
 Los lentes de contacto le quedan muy bien, se ve más segura de si misma. Yo con esto de la banda creo que estoy más abierta a hacer amistades en el curso, algunos me dan “cavida”, otros no, pero al menos lo intento.

Leo va al cuarto año del mismo secundario al que asisto yo. Me pareció muy extraño que se haya posado fuera tras la puerta de mi curso. Desde la ventana, desde allí me miraba, mandaba mensajes, se reía. Creo que de mí… ¿Se reirá de mí?
Sandra, la profesora de Biología, me vio muy distraída con él y se acercó a mi pupitre para regañarme. Y si, ¡él se burlaba de mí! ¡Hasta me señaló con el dedo! Qué infantil… Por suerte Sandra lo echó y yo reí última pero feliz.
Feliz estaba cuando Leo me tomó por asalto a la salida del colegio. Lo insulté y le pegué bastante. Se lo merecía. Cuando me dijo con quién estaba mensajeando pasé de la felicidad a la exaltación. Se lo dije a las chicas que caminaban tras de mi y se sorprendieron al igual que yo. Corrí junto a Leo y al atravesar la salida no pude verlo, hasta que me lo señaló.
Estaba en frente con su bici negra de montaña, con esa pose tan ¡Haaaaayy! El corazón se me aceleró y hubo una mezcla de felicidad y timidez. Leo lo saludó con un apretón de manos y ahora me tocaba a mí. Le besé los labios como un relámpago y miré disimuladamente tras de mí. Todas chusmoseaban.
-         ¿Y vos no tenés colegio hoy? – Le pregunté a mi Maxi.
-         Hoy no fui. Mi vieja no andaba bien. Estaba mensajeando, aburrido, con Leo y se me ocurrió tomar un poco de aire. – Me tomó por la cintura.
-         Bueno, ¿la llevas vos o la llevo yo? – Dijo Leo bromeando, pues él se iba en bici.
-         Si, claro. Claro que la llevo yo. ¿A no ser que quieras ir con él? – Me preguntó.
-         No. Pero tengo pollera. – Respondí con cara de boba.
-         No se te va a ver nada. – Me dijo sonriente.
Entonces esta es la segunda vez que esa bici soporta mi trasero, solo que esta vez sobre el caño. Él me miraba sonriente y yo tapaba el viento con la maño en la falda. Fue un dulce paseo y nos reímos mucho los tres, principalmente porque Maxi me bajaba las medias cuando pedaleaba.
Pararon frente a “mi” almacén. Leo tenía que comprar un atado de cigarrillos.
-         Cómprame uno. – Le dijo Maxi.
-         ¿Fumas? – Pregunté.
-         Si… ¿Te molesta verdad?
-         ¿Cómo es que recién me entero? – Pregunté.
-         Porque fumo muy poco, no es un vicio y solo me gusta fumar a solas con mi amante. – Miró a Leo sonriente.
-         Yo lo acompaño en todo ¿no es tierno? – Dijo entre risas.
-         Voy a tener que dejarlo por si algún día me presentas formalmente. – Me dijo indulgente.
-         Estaría bueno. – “¿Estaría bueno?” – Que dejes de fumar. – Aclaré y él rió por mi inocencia.