miércoles, 7 de diciembre de 2011

CAPITULO XIV


El viento que entraba por la ventana, me ayuda a bajar la temperatura. Sentada en su cama el aroma de su perfume tan varonil se impregna en mi blusa.
Entró de repente y tomó su celular del escritorio, entonces pícaramente me miró de costado. Me sonrió un poco acercándose a mí.
-         ¿Qué mirás? – Dije sin ser descortés.
-         Nada. – Sonrió. – Bajemos, no quiero que Clara esté sola.
Asentí y me incorporé junto a él. Lo tomé del brazo, como acto de cariño, totalmente inocente. El calor de su cuerpo al chocar con el mío friolento, me causó escalofrío. Bajé las escaleras de su brazo, palpándole los músculos, acrecentando su ego. Ya en la cocina me frotó los brazos con sus manos, produciéndome calor mediante mi blusa rosa.
-         Estás muy fría, Sole.
Le sonreí y me senté junto a Clara, frente a Maxi.
El mate calentito le devolvió la temperatura a mi cuerpo y la dulce voz de Clarita me contenía relajada.
-         Este verano no me pierdo la playa. No, no, no, no otra vez. Ya no soporto el frío.
Maxi se desparramó en el sillón.
-         Si, hace mucho que no vamos a la playa. – Dijo mirando al vacío. 
Alguien llamó a la puerta. Clara y Maxi se miraron extrañados, al parecer no esperaban visitas.
Tomó una galleta, me guiñó el ojo y se dirigió a abrirla.
-         Humm, este chico ¿Qué le hiciste Solcito?
Yo solo me encogí de hombros pero me encantaría responder que “lo enamoré, eso es lo que hice Clara”. Vaya, que egocéntrico suena.
Al abrir la puerta la galleta se le cayó de la mano, tragó bruscamente y preguntó al visitante masculino:
-         ¿Qué haces acá?
El individuo entró sin ningún consentimiento. Llevaba traje negro, lentes y su camisa denotaba una leve barriguita. Es alto, muy alto. Miró desafiante a Maxi y le dijo con voz ronca:
-         Es mi casa, sos mi hijo, tu madre es mi mujer, no necesito avisarte que vengo.
Maxi comenzó a enfurecerse.
-         Hace rato dejaste esta familia, tenés otra vida allá afuera, así que ¿por qué no te vas? Tenemos visitas, no quiero pasar papelones.
Me registró y puso cara de sorprendido. A mi me tembló hasta la punta de los cabellos.
-         Ahhhhhhh. – Y dejó una pausa, como si pensara la siguiente frase.
Pero no pronunció palabra y cerró la puerta suavemente, Maxi retrocedió un paso mirándolo fijamente. Me pregunto si sus ojos tendrán el mismo efecto que causan en mí. ¿Y ese paso hacia atrás? ¿Es miedo? Sin duda lo es, no me siento su nuera como me sentí con Clara. Realmente atrae desconfianza.
Clarita seguía observando desde su lugar.
-         Una de tus amiguitas drogadictas ¿no?
Maxi aprieta sus puños y sus venas comienzan a hincharse.
-         ¿Drogadicta? – Dije automáticamente, sin siquiera pensar.
-         ¿A que venís? ¿En qué puedo ayudarte Claudio? – Dijo Clara con toda dulzura, levantándose del sillón.
-         Acá nadie consume. No entiendo porqué pensás así de mí. A ella no la conoces así que no la metas ¿Está claro? – Aclaró Maxi.
-         ¿Y espera a que yo le crea? – Dijo burlón mientras Clara se acercaba.
-         Venís a hablar conmigo ¿no? – Preguntó Clara.
-         Si. – Dijo con sonrisa maliciosa.
Comencé a sentirme incómoda, fuera de lugar.
-         ¿Hijo por qué no salís un rato con Sole?
Él no despegó la mirada de su padre en ningún momento.
-         Si. – Contestó y se acercó a mí, tomando mis pertenencias, me tomó de la mano y me guió hacia la puerta.
Sabía que yo no cabía en esa situación pero tampoco pensé que me echarían de esa forma, más bien quería introducirme diciendo que debía irme, que nos veríamos luego. Pero a penas abrió la puerta del recibidor, la cerró de golpe. Solo alcancé a divisar un auto negro y tres hombres dentro, así que comencé a preocuparme.
-         Nos vamos arriba. – Le dijo a Clarita, quién asintió tímidamente. – No dudes en llamarme. – Me llevó escaleras arriba mientras comenzaba la plática entre sus padres.
Cerró la puerta tras su espalda, solo entonces soltó mi mano y destapó un gran suspiro que aún no era de alivio.
-         ¿Puedo saber que está pasando? – Pregunté.
-         No, todavía no. No te preocupes, no pasa nada malo.
Pero con esa respuesta parecía auto convencerse. Comenzó a escribir un mensaje y noté el temblor de sus manos, luego se apoyó contra la pared, mirando al techo, sus manos aún temblaban. Yo me senté en la cama, esta vez tragándome el perfume, atragantándome de curiosidad; muda, bien muda. La respuesta llegó de inmediato a su celular. Yo solo observaba.
Allí abajo el tono de Claudio era muy elevado, pero Clara casi no se oía. Creo que debe ser imposible oírla discutir de esa manera, a los gritos. Me paré a tomar su cámara de fotos, quería inventar algo para distraerlo de ese momento incómodo, quería que volviera a sonreír. Él se acercó un poco a mí, con la mano temblorosa en el mentón, tal vez para entregarse a mi juego.
Bajo nuestros pies se escuchó un:
-         ¡No!
Que provenía de Clarita y un objeto de vidrio cayó al suelo.
-         ¡No!
Gritó nuevamente, esta vez ahogada en llanto, mientras Maxi deambulaba nervioso por la habitación. Sentía que quería treparse por las paredes. Algo más cayó al suelo y los gritos de Claudio se hacían ininteligibles. No supe que hacer ni que decir, la situación allá abajo era muy fuerte.
-         ¡Por favor! – Suplicó Clara.
Entonces Maxi me apretó entre sus brazos y me quedé inmóvil, todo su cuerpo temblaba y su jadeo era constante. No lloraba, solo apretaba los puños. Era mezcla de miedo e impotencia. Lo abracé fuerte, le di mi vida en ese abrazo.
-         Esto es un quilombo. – Me dijo bajito cerca del oído.
-         Tranquilo. – Le dije, aunque no causó ningún efecto.
-         ¡Clara vení para acá! – Gritó Claudio.
Maxi juntó su cabeza contra la mía, cubriendo con nuestros brazos nuestros oídos. De ahí en más no escuché nada. Solo veía su cuello y él el mío. Se fue tranquilizando de a poco, al igual que el temblor. Me tomó de la cintura, para oír nuevamente. Se escuchó un portazo, ya todo terminó.
Observé su rostro ese minuto en el que dejó de respirar. Miraba la puerta boquiabierto, supongo que sorprendido o sin saber que hacer. Sus ojos estaban empañados, brillosos. Sus mejillas estaban más pálidas de lo común., tenía tantas ganas de darle un beso para ver si recobrarían el color.
-         Maxi. – Me miró al fin.
Sus ojos azules chocaron con los míos. El recobró la conciencia y pasándose la mano por la frente me dijo:
-         Bajemos.

5 comentarios:

  1. wow como puedes dejarnos en 'bajemos' ? noooo, que paso? ya me quede en ascuas! >_<
    buenisimo este capitulo!

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  2. ¿Escribes poemas, cuentos o relatos? COMPARTELOS CON EL MUNDO¡¡¡¡
    Mandanos lo que escribas a laliescritora@hotmail.com y será leído en Basta Fuerte los sábados de 21 a 22 por www.arinfo.com.ar y haz que los oyentes del ciber espacio conozcan tu arte.

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  3. Hola, Tania, llegué a tu blog por casualidad, pero me gustó, así que -si me permites- me quedo como seguidor.
    Un beso.
    HD

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  4. Gracias Tania por habernos mandado tu relato. Te dejamos el link del programa donde fue leído al aire y te seguimos.

    http://basta-fuerte-radio.blogspot.com/2011/12/64-programa.html

    Saludos

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  5. Perdón por los inconvenientes, ya esta arreglado el link.

    Gracias.

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